Éaco de Egina



Hera, descubierto el engaño de Zeus con Egina, decide exterminar a todos los habitantes de la isla de Enone, llamada desde entonces Egina. Introduce en un río una serpiente, cuyas crías proliferan en ríos y arroyos. Además, una densa oscuridad acompañada de  un calor soporífero y pestilente se extiende por la isla, durante al menos 4 meses. Los cultivos y los pastos se secan. El agua se vuelve venenosa. Las invocaciones a Zeus eran inútiles y los suplicantes mueren de hambre ante los altares con los animales para el sacrificio.

Eaco, el hijo de Egina convertido en rey de la isla, suplica a Zeus que vuelva a repoblar la tierra, dándole tantos súbditos como el número de hormigas que subían por la encina del santuario de Dodona.

Esa noche sueña cómo las hormigas caían del árbol sagrado y en la tierra se convertían en hombres. Cuando su hijo Telamón le despierta, el sueño se había hecho realidad. La lluvia de hormigas caía sin parar y una multitud de hombres se alzaba del suelo. La plaga de serpientes había desaparecido.

Eaco da gracias a Zeus y repartió la ciudad y los campos desiertos entre sus nuevos súbditos que llamó Mirmidones.

Eaco se casa con Endéis de Megara, como él era descendiente del río Asopo por vía materna. Endéis es hija de la ninfa Cariclo y Escirón de Megara (o de Quirón el centauro); Cariclo es hija del rey Cicreo de Salamina y Estilbe la hija del río Peneo; Cicreo es hijo de Poseidón y Salamina la hija del río Asopo. Endéis es la madre de Peleo y Telamón.

Eaco se une también a la nereida Psámate y tienen un hijo llamado Foco, por la metamorfosis en foca de la nereida al tratar de huir de Eaco (el poder de metamorfosis es una característica común de las divinidades acuáticas).
 
EÁCIDAS

Llega a ser en un rey famoso por su sabiduría y su piedad. Supo convertir a su país en una potencia. Rodeó su isla de escollos y acantilados para salvar a su pueblo de los piratas.

En ocasión de una sequía ocasionada por el asesinato del rey Estínfalo de Arcadia a manos de Pélope o puede que de Andrógeo el hijo de Minos por los atenienses, el oráculo de Delfos aconseja a los griegos que Éaco rogase por la remisión. Éaco asciende al monte Panheleno y realiza sacrificios a los dioses para que termine la sequía. Y los dioses oyen su súplica. Las nubes oscurecieron el cielo y llovió sobre Grecia. Una nube sobre esta montaña es señal de lluvia (Teofrasto).

Apolo y Poseidón llevan a Éaco cuando construyeron las murallas de Troya, pues sólo si un mortal participa en la obra, la ciudad no sería inexpugnable y sus habitantes no podrían desafiar a los dioses. Al acabar, se acercan tres serpientes que tratan de subir por la muralla. Las que lo hicieron en la parte de los dioses, caen fulminadas. La tercera es capaz de entrar por la zona construida por Eaco. Apolo profetiza que Troya caería varias veces y que los descendientes de Éaco tomarían la ciudad tanto en la primera como tercera generación (Telamón en la primera y Neoptólemo y Epeo en la última).

Cuando muere Éaco, se convierte en uno de los tres jueces del Hades con sus medio hermanos Minos y Radamantis, donde dicta sentencias a las almas y arbitra las disputas entre los dioses. A veces se añade un cuarto juez, Triptólemo (Platón, Apología de Sócrates) hijo de Celeo, rey autóctono de Eleusis. Éaco es quien guarda las llaves del Tártaro.